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22.7.09

....MARíA LA BOBA....

....berlin, 22/7/209....bei Cris, nach eine Lange nacht in Steglitz, wir hören dieses Geschichte im Radio3....


MARíA LA BOBA

María, la boba, creía en el amor. Eso la convirtió en una leyenda viviente. A su entierro

acudieron todos los vecinos, hasta los policías y el ciego del quiosco, quien rara vez

abandonaba su negocio. La calle República quedó vacía, y en señal de duelo colgaron

cintas negras en los balcones y apagaron los faroles rojos de las casas. Cada persona

tiene su historia y en ese barrio son casi siempre tristes, historias de pobrezas e

injusticias acumuladas, de violencias padecidas, de hijos muertos antes de nacer y de

amantes que se van, pero la de María era diferente, tenía un brillo elegante que

echaba a volar la imaginación ajena. Se las arregló para ejercer su oficio sola,

administrándose sin bulla, discretamente. Nunca tuvo la menor curiosidad por el

alcohol ni por las drogas, ni siquiera le interesaban los consuelos de cinco pesos que

vendían las adivinas y las profetas del vecindario. Parecía a salvo de los tormentos de

la esperanza, protegida por la calidad de su amor inventado. Era una mujercita de

aspecto inofensivo, de corta estatura, facciones y gestos finos, toda mansedumbre y

suavidad, pero las veces que algún chulo intentó ponerle la mano encima se encontró

con una fiera babeante, puras garras y colmillos, dispuesta a devolver cada golpe, así

se le fuera la vida. Aprendieron a dejarla en paz. Mientras las otras mujeres pasaban

su existencia escondiendo moretones bajo espesas capas de maquillaje barato, ella

envejecía respetada, con un cierto aire de reina en harapos. No tenía ninguna

conciencia del prestigio de su nombre ni de la leyenda que habían bordado a costa de

ella. Era una prostituta vieja con alma de doncella.

En sus recuerdos figuraban con insistencia un baúl asesino y un hombre moreno con

olor a mar, y así sus amigas descubrieron uno a uno los retazos de su vida y los

unieron con paciencia, agregando lo que faltaba con recursos de fantasía, hasta

reconstruirle un pasado. No era, desde luego, como las demás mujeres de ese lugar.

Venía de un mundo remoto, donde la piel es más pálida y el castellano tiene un acento

rotundo, de consonantes duras. Nació para gran dama, eso deducían las otras mujeres

por su forma rebuscada de hablar y por sus modales extraños, y si alguna duda cabía,

al morir la disipó. Se fue con la dignidad intacta. No padecía ninguna enfermedad

conocida, no estaba asustada ni respiraba por los oídos como los moribundos

comunes, simplemente anunció que ya no soportaba más el tedio de estar viva, se

colocó su vestido de fiesta, se pintó los labios de rojo y abrió las cortinas de hule que

daban acceso a su cuarto, para que todos pudieran acompañarla.

-Ahora me llegó el tiempo de morir -fue su única explicación.

Se recostó en su cama, con la espalda apoyada sobre tres almohadones, con fundas

almidonadas para la ocasión, y se bebió sin respirar una jarra grande de chocolate

espeso. Las otras mujeres se rieron, pero cuando cuatro horas después no hubo

manera de despertarla comprendieron que su decisión era absoluta y echaron a correr

la voz por el barrio. Algunos acudieron sólo por curiosidad, pero la mayoría se presentó

con verdadera aflicción, quedándose allí para acompañarla. Sus amigas colaron café

para ofrecer a las visitas, porque les pareció de mal gusto servir licor, no fueran a

confundir aquello con una celebración. A eso de las seis de la tarde, María sufrió un

estremecimiento, abrió los párpados, miró a su alrededor sin distinguir los rostros y

enseguida abandonó este mundo.

Eso fue todo. Alguien sugirió que tal vez había tragado veneno con el chocolate, en

cuyo caso todos serían culpables por no haberla llevado a tiempo al hospital, pero

nadie prestó atención a tales maledicencias.

-Si María decidió partir, estaba en su derecho, porque no tenía hijos ni padres que

cuidar -sentenció la señora de la casa.

No quisieron velarla en un establecimiento funerario, porque la quietud premeditada de

su muerte fue un suceso solemne en la calle República y era justo que sus últimas

horas antes de bajar a la tierra transcurrieran en el ambiente donde había vivido y no

como una extranjera de cuyo duelo nadie quiere hacerse cargo. Hubo opiniones sobre

si velar muertos en esa casa atraería mala suerte para el alma de la difunta o las de

los clientes, y por si acaso quebraron un espejo para rodear el ataúd y trajeron agua

bendita de la capilla del Seminario, para salpicar por los rincones. Esa noche no se

trabajó en el local, no hubo música ni risas, pero tampoco hubo llantos. Instalaron el

cajón sobre una mesa en la sala, los vecinos prestaron sillas y allí se acomodaron los

visitantes a tomar café y conversar en voz baja. En el centro estaba María con la

cabeza apoyada sobre un cojín de raso, las manos cruzadas y la foto de su niño

muerto sobre el pecho. En el transcurso de la noche le fue cambiando el tono de la

piel, hasta acabar oscura como el chocolate.

Me enteré de la historia de María durante esas largas horas en que velamos su ataúd.

Sus compañeras contaron que nació en tiempos de la Primera Guerra, en una provincia

al sur del continente, donde los árboles pierden las hojas en la mitad del año y el frío

cala los huesos. Era hija de una soberbia familia de emigrantes españoles. Al revisar su

pieza encontraron en una caja de galletas algunos papeles quebradizos y amarillos,

entre ellos un certificado de nacimiento, fotografías y cartas. Su padre fue propietario

de una hacienda y, según un recorte de periódico desteñido por el tiempo, su madre

había sido pianista antes de casarse. Cuando María tenía doce años, atravesó distraída

un cruce de ferrocarril y la atropelló un tren de carga. La rescataron entre los rieles sin

daños aparentes, tenía sólo algunos rasguños y había perdido el sombrero. Sin

embargo, al poco tiempo, todos pudieron comprobar que el impacto había

transportado a la niña a un estado de inocencia del cual ya nunca regresaría. Olvidó

hasta los rudimentos escolares aprendidos antes del accidente, apenas recordaba

algunas lecciones de piano y el uso de la aguja de coser, y cuando le hablaban se

quedaba como ausente. Lo que no olvidó, en cambio, fueron las normas de urbanidad,

que conservó intactas hasta su último día.

El golpe de la locomotora dejó a María incapacitada para el razonamiento, la atención o

el rencor. Estaba, por lo tanto, bien equipada para la felicidad, pero no fue ésa su

suerte. Al cumplir dieciséis años, sus padres, deseosos de pasarle a otro la carga de

esa hija algo retardada, decidieron casarla antes de que se le marchitara la belleza, y

escogieron a un tal doctor Guevara, hombre de vida retirada y mal dispuesto para el

matrimonio, pero que les debía algún dinero y no pudo negarse cuando le sugirieron el

enlace. Ese mismo año se celebró la boda en privado, como correspondía a una novia

lunática y a un novio varias décadas mayor.

María llegó al lecho matrimonial con la mente de una criatura, aunque su cuerpo había

madurado y ya era el de una mujer. El tren arrasó con su curiosidad natural, pero no

pudo destruir la impaciencia de sus sentidos. Sólo contaba con lo aprendido al

observar los animales en la hacienda, sabía que el agua fría es buena para separar a

los perros que se quedan pegados durante el coito y que el gallo esponja las plumas y

cacarea cuando quiere pisar a la gallina, pero no encontró uso adecuado para esos

datos. En su noche de bodas vio avanzar en su dirección a un vejete tembloroso con

una bata de franela, abierta, y algo imprevisto bajo el ombligo. La sorpresa le produjo

un estreñimiento del cual no se atrevió a hablar y cuando empezó a hincharse como un

globo, se bebió un frasco de Agua de la Margarita -remedio antiescrufuloso y

reconstituyente, que en gran cantidad servía de purga- a causa de lo cual pasó

veintidós días sentada en la bacinilla, tan descompuesta que casi pierde algunos

órganos vitales, pero eso no tuvo la facultad de desinflarla. Pronto ya no pudo

abotonar sus vestidos y a su debido tiempo dio a luz un niño rubio. Después de un mes

en cama, alimentándose con caldo de gallina y dos litros de leche diarios, se levantó

más fuerte y lúcida de lo que nunca estuvo en su vida. Parecía curada de su estado de

sonambulismo perenne y hasta tuvo el ánimo para comprarse ropa elegante; sin

embargo, no alcanzó a lucir su nuevo ajuar, porque el señor Guevara sufrió un ataque

fulminante y murió sentado en el comedor, con la cuchara de sopa en la mano. María

se resignó a usar trajes de luto y sombreros con velo, enterrada en una tumba de

trapos. Así pasó dos años de negro, tejiendo chalecos para los pobres, entretenida con

sus perros falderos y con su hijo, a quien peinaba con rizos y vestía de niña, tal como

aparece en uno de los retratos encontrados en la caja de galletas, donde se lo puede

ver sentado sobre una piel de oso e iluminado por un rayo sobrenatural.

Para la viuda el tiempo se detuvo en un instante perpetuo, el aire de los cuartos

permaneció inmutable, con el mismo olor vetusto que dejó su marido. Siguió viviendo

en la misma casa, cuidada por sirvientes leales y vigilada de cerca por sus padres y

hermanos, que se turnaban para visitarla a diario, supervisar sus gastos y tomar hasta

las menores decisiones. Pasaban las estaciones, caían las hojas de los árboles en el

jardín y volvían a aparecer los colibríes del verano, sin cambios en su rutina. A veces

se preguntaba la causa de sus vestidos negros, porque había olvidado al decrépito

esposo que en un par de ocasiones la abrazara débilmente entre las sábanas de lino,

para luego, arrepentido de su lujuria, arrojarse a los pies de la Madona y azotarse con

una fusta de caballo. De vez en cuando abría el armario para sacudir los vestidos y no

resistía la tentación de despojarse de sus ropajes oscuros y probarse a escondidas los

trajes bordados de pedrerías, las estolas de piel, los zapatos de raso y los guantes de

cabritilla. Se miraba en la triple luna del espejo y saludaba a esa mujer ataviada para

un baile en la cual le costaba mucho reconocerse.

A los dos años de soledad el rumor de la sangre bullendo en su cuerpo se le hizo

intolerable. Los domingos en la puerta de la iglesia se retrasaba para ver pasar a los

hombres, atraída por el ronco sonido de sus voces, sus mejillas afeitadas y el aroma

del tabaco. Con disimulo levantaba el velo del sombrero y les sonreía. Su padre y sus

hermanos no tardaron en advertirlo y, convencidos de que esa tierra americana

corrompía hasta la decencia de las viudas, decidieron en consejo de familia enviarla

donde unos tíos en España, donde sin duda estaría a salvo de las tentaciones frívolas,

protegida por las sólidas tradiciones y el poder de la Iglesia. Así empezó el viaje que

cambiaría el destino de María, la boba.

Sus padres la embarcaron en un transatlántico acompañada por su hijo, una sirvienta

y los perros falderos. El complicado equipaje incluía, además de los muebles de la

habitación de María y su piano, una vaca que iba en la cala del barco, para proveer de

leche fresca al niño. Entre muchas maletas y cajas de sombrero, también llevaba un

enorme baúl con cantos y remaches de bronce, que contenía los vestidos de fiesta

rescatados de la naftalina. La familia no pensaba que en casa de los tíos María tuviera

oportunidad alguna de usarlos, pero no quisieron contrariarla. Los tres primeros días la

viajera no pudo abandonar su litera, vencida por el mareo, pero finalmente se

acostumbró al bamboleo del barco y consiguió levantarse. Entonces llamó a la sirvienta

para que le ayudara a desempacar la ropa para la larga travesía.

La existencia de María estuvo marcada por desgracias súbitas, como ese tren que le

arrebató el espíritu y la lanzó de vuelta a una infancia irreversible. Estaba ordenando

los vestidos en el armario de su cabina, cuando el niño se asomó al baúl abierto. En

ese instante un sacudón de la nave cerró de golpe la pesada tapa y el filo metálico le

dio a la criatura en el cuello, desnucándola. Se necesitaron tres marineros para

desprender a la madre del baúl maldito y una dosis de láudano capaz de tumbar a un

atleta para impedir que se arrancara el pelo a mechones y se destrozara la cara con las

uñas. Pasó horas aullando y luego entró en un estado crepuscular, meciéndose de lado

a lado, como en los tiempos en que ganó fama de idiota. El capitán del buque anunció

la infausta nueva por un altoparlante, leyó un breve responso y luego ordenó envolver

el pequeño cadáver con una bandera y lanzarlo por la borda, porque ya estaban en

medio del océano y no tenía cómo preservarlo hasta el próximo puerto.

Varios días después de la tragedia, María salió con paso incierto a tomar aire por

primera vez en la cubierta. Era una noche tibia y del fondo del mar subía un olor

inquietante de algas, de mariscos, de buques sumergidos, que le entró por las narices

y le recorrió las venas con el efecto de una sacudida telúrica. Se encontraba mirando el

horizonte, con la mente en blanco y la piel erizada desde los talones hasta la nuca,

cuando escuchó un silbido insistente y al dar media vuelta descubrió dos pisos más

abajo una silueta alumbrada por la luna, haciéndole señas. Bajó las escalerillas en

trance, se aproximó al hombre moreno que la llamaba, sumisa se dejó quitar los velos

y los ropones de luto y lo acompañó detrás de un rollo de cuerdas. Vapuleada por un

impacto similar al del tren, aprendió en menos de tres minutos la diferencia entre un

marido anciano, acabado por el temor a Dios, y un insaciable marinero griego ardiendo

por la penuria de varias semanas de castidad oceánica. Deslumbrada, la mujer

descubrió sus propias posibilidades, se secó el llanto y le pidió más. Pasaron parte de

la noche conociéndose y sólo se separaron cuando oyeron la sirena de emergencia, un

terrible bramido de naufragio que alteró el silencio de los peces. Pensando que la

inconsolable madre se había arrojado al mar, la sirvienta había dado la voz de alarma

y toda la tripulación, menos el griego, la buscaba.

María se reunió con su amante detrás de las cuerdas cada noche, hasta que el buque

se aproximó a las costas del Caribe y el perfume dulzón de flores y frutos que

arrastraba la brisa acabó de perturbarle los sentidos. Aceptó entonces la proposición

de su compañero de abandonar la nave, donde penaba el fantasma del niño muerto y

donde había tantos ojos espiándolos, se metió el dinero del viaje en los refajos y se

despidió de su pasado de señora respetable. Descolgaron un bote y desaparecieron al

amanecer, dejando a bordo a la sirvienta, los perritos, la vaca y el baúl asesino. El

hombre remó con sus gruesos brazos de navegante hacia un puerto estupendo, que

surgió ante sus ojos a la luz del alba como una aparición de otro mundo, con sus

ranchos, sus palmeras y sus pájaros variopintos. Allí se instalaron los dos fugitivos

mientras les duró la reserva de dinero.

El marinero resultó pendenciero y bebedor. Hablaba una jerizonga incomprensible para

María y para los habitantes de ese lugar, pero conseguía comunicarse con morisquetas

y sonrisas. Ella sólo se despabilaba cuando él aparecía para practicar con ella las

maromas aprendidas en todos los lupanares desde Singapur hasta Valparaíso, y el

resto del tiempo permanecía atontada por una languidez mortal. Bañada por los

sudores del clima, la mujer inventó el amor sin compañero, aventurándose sola en

territorios alucinantes, con la audacia de quien no conoce los riesgos. El griego carecía

de intuición para adivinar que había abierto una compuerta, que él mismo no era sino

el instrumento de una revelación, y fue incapaz de valorar el regalo ofrecido por esa

mujer. Tenía a su lado a una criatura preservada en el limbo de una inocencia

invulnerable, decidida a explorar sus propios sentidos con la juguetona disposición de

un cachorro, pero él no supo seguirla. Hasta entonces ella no había conocido el

desenfado del placer, ni siquiera lo había imaginado, aunque siempre estuvo en su

sangre como el germen de una fiebre calcinante. Al descubrirlo supuso que se trataba

de la dicha celestial que las monjas del colegio le prometían a las niñas buenas en el

Más Allá. Sabía muy poco del mundo y era incapaz de mirar un mapa para ubicarse en

el planeta, pero al ver los hibiscus y los loros creyó encontrarse en el paraíso y se

dispuso a gozarlo. Allí nadie la conocía, estaba a sus anchas por primera vez, lejos de

su casa, de la tutela inexorable de sus padres y hermanos, de las presiones sociales y

de los velos de misa, libre al fin para saborear el torrente de emociones que nacía en

su piel y penetraba por cada filamento hasta sus cavernas más profundas, donde se

volcaba en cataratas, dejándola exhausta y feliz.

La falta de malicia de María, su impermeabilidad al pecado o la humillación, acabaron

por aterrorizar al marinero. Las pausas entre cada abrazo se hicieron más largas, las

ausencias del hombre más frecuentes, creció el silencio entre los dos. El griego trató

de escapar de esa mujer con rostro de niña que lo llamaba sin cesar, húmeda,

turgente, abrasada, convencido de que la viuda a quien sedujo en alta mar se había

transformado en una perversa araña dispuesta a devorarlo como a una mosca en el

tumulto de la cama. En vano buscó alivio para su virilidad apabullada retozando con

las prostitutas, batiéndose a cuchillo y puñetazos con los chulos y apostando en peleas

de gallos el sobrante de sus juergas. Cuando se encontró con los bolsillo vacíos, se

aferró a esa excusa para desaparecer del todo. María lo esperó con paciencia durante

varias semanas. Por la radio se enteraba a veces de que algún marinero f rancés,

desertor de un barco británico, o un holandés escapado de una nave portuguesa, había

sido asesinado a navajazos en los barrios bravos del puerto, pero ella escuchaba la

noticia sin alterarse, porque aguardaba a un griego fugado de un transatlántico

italiano. Cuando ya no pudo seguir soportando la calentura de los huesos y la ansiedad

del alma, salió a pedir consuelo al primer hombre que pasaba. Lo cogió de la mano y le

pidió de la forma más gentil y educada, que le hiciera el favor de desnudarse para ella.

El desconocido vaciló un poco ante esa joven que en nada se parecía a las

profesionales del vecindario, pero cuya proposición era muy clara, a pesar del lenguaje

desusado. Calculó que podía distraer diez minutos de su tiempo con ella y la siguió, sin

sospechar que se vería sumergido en el torbellino de una pasión sincera. Asombrado y

conmovido, se fue a contárselo a todo el mundo, dejándole a María un billete sobre la

mesa. Pronto llegaron otros, atraídos por la murmuración de que había una mujer

capaz de vender por un rato la ilusión del amor. Todos los clientes se fueron

satisfechos. Así se convirtió María en la prostituta más célebre del puerto, cuyo nombre

los marineros se llevaron tatuado en los brazos para darlo a conocer en otros mares,

hasta que la leyenda le dio la vuelta al planeta.

El tiempo, la pobreza y el esfuerzo de burlar al desencanto destruyeron la frescura de

María. La piel se le volvió pardusca, adelgazó hasta los huesos y para mayor

comodidad se cortó el pelo como un preso, pero mantuvo sus modales elegantes y el

mismo entusiasmo por cada encuentro con un hombre, porque no veía en ellos a

sujetos anónimos, sino el reflejo de sí misma en brazos de su amante imaginario.

Confrontada con la realidad, no era capaz de percibir la sórdida urgencia del

compañero de turno, porque cada vez se entregaba con el mismo irrevocable amor,

adelantándose, como una novia atrevida, a los deseos del otro. Con la edad se le

desordenó la memoria, hablaba cosas disparatadas y para la época en que se trasladó

a la capital y se instaló en la calle República, no se acordaba de que alguna vez fue la

musa inspiradora de tantos versos improvisados por navegantes de todas las razas y

se quedaba perpleja cuando alguno viajaba desde el puerto hasta la ciudad, sólo para

comprobar si aún existía aquella de quien había oído en un lugar de Asia. Al hallarse

frente a ese mísero saltamontes, ese montón de huesos patéticos, esa mujercita de

nada, y ver la leyenda reducida a escombros, muchos daban media vuelta y se

marchaban desconcertados, pero otros se quedaban por lástima. Éstos recibían un

premio inesperado. María cerraba su cortina de hule y al punto cambiaba la calidad del

aire en la pieza. Más tarde el hombre partía maravillado, llevándose la imagen de una

muchacha mitológica y no la de la anciana lastimosa que creyó ver en un principio.

A María se le fue borrando el pasado -su único recuerdo nítido era el terror de trenes y

baúles- y si no hubiera sido por la tenacidad de sus compañeras de oficio, nadie habría

conocido su historia. Vivió esperando el instante en que se abriera la cortina de su

habitación para dar paso al marinero griego, o a cualquier otro fantasma nacido de su

fantasía, quien la recogería en el círculo preciso de sus brazos para devolverle el

deleite compartido en la cubierta de un buque en alta mar, buscando siempre la

antigua ilusión en cada hombre de paso, iluminada por un amor imaginario, engañando

a las sombras con abrazos fugaces, con chispazos que se consumían antes de arder, y

cuando se aburrió de aguardar en vano y sintió que también el alma se le cubría de

escamas, decidió que era mejor dejar este mundo. Y con la misma delicadeza y

consideración de todos sus actos, recurrió entonces a la jarra de chocolate.


Cuentos de Eva Luna

Isabel Allende

23.6.09

....cap al vespre....

....feliç santa joana i sant joan....

Cap al vespre es quan, estàs com cansat,
i no saps el que fer i et quedes fixat,
i et trobes molt sol, i el soroll s'esvaeix,
i mires el carrer i no hi ha gaire gent.

I canvien els sons i tot sembla més mort,
i vols cridar ben fort, que ests fins els collons.
Cap el vespre ests trist i no saps on anar,
i et prepares un whisky i no te'l pots acabar.

I t'encens un cigarro, sense ganes de fumar
i l'apagues aviat i et tornes a aixecar,
i de sobte tens por, de sentir-te tan buit,
i te'n vas cap al pub i no hi trobes ningú.

I surts fora el carrer, i comences a carrer,
i el vent et va assecant, el que sembla una llàgrima,
i t'atures cansat, amb el nas ple de mocs,
i t'empatxes de nit i respires ben fort, fort, fort.

Cap al vespre s quan ests com cansat,
i no saps el que fer i et quedes fixat,
cap al vespre ests trist i no hi trobes ningú,
i mires al carrer i no hi ha gaire gent.


11.6.09

....

....No trates nunca como prioridad a alguien para el que sólo eres una opción....

30.5.09

....PODA PARA CRECER....

De este montículo de polvo,
de huesos triturados
esparcidos por el tiempo,
tengo que rehacer mi dimensión;
armarme con los totems de mis antepasados,
invocando los manes
que alguna vez me vieron ser colibrí
-alas rápidas picoteando
sin miedo a los cazadores-

apartar a manotazos
vientos y malas lenguas
empecinadas en empequeñecer
los atronadores latidos de mi corazón.

Desde esta desvencijada,
golpeada estructura,
he de renacer
fuerte como los ceibos,
hermosa como la tempestad

-que no se arredra ante las puertas cerradas-

para golpear de palabras el mundo

con mi cuerpo convertido en arcilla,
moldeado ya,
indeclinable ante las malas miradas,
pero tierno para las lagunas y las lunas
y la rima y el verso
y la sonrisa de mis hijos.

Es duro rehacerse desde el agua,
desde dos pequeñas pozas encharcadas
en medio de la cara
y la nariz roja
y la boca torcida por la tristeza.

Escarbar la esperanza en la desesperanza,
buscarle a lo amargo
el conocido,presentido,sabido,
sabor de la miel.

Es duro el contorno de la figura
recortada en el cerebro
-difusa,odiada,pero imborrable-

Cauta me advierto
ante otras manos ofreciendo ternura,
promesa,calor de sonrisa
mientras el brazo extendido del futuro
desde el espejo me anuncia
que estoy toda entera,
dura y frágil,
dispuesta para el nuevo,
indescifrable,
mañana.

El ojo de la mujer
Gioconda Belli

12.5.09

....inmovilismo....

24.4.09

....sinceridad....

15.4.09

....al final, yo conmigo....

Al final, tú contigo

Iba tan acelerada por conocer a otros que se le olvidó conocerse a sí misma. Estaba tan segura de que su triunfo consistía en agradar a los demás que se le olvidó agradarse a sí misma. A ambos les pasó lo único que siempre cumple y siempre pasa: el tiempo.

Muchos vacíos de vida se producen por error de entrega de vida. Nos regalamos sin construirnos ni valorarnos. Buscamos amores ajenos y olvidamos el amor propio.

Aquellas reinas de noches de sofá y cama, aquellos vampiros chupadores de espejismos de luna menguante, todos sin excepción se fueron desvaneciendo entre rutinas de calendarios sin historia hasta que un día, de repente los envolvió el gran nubarrón del alma, que es ese momento en que mirándote al espejo no te ves. Se desaparecieron de sí mismos porque su yo, a cambio de nada se lo habían dado a otros.

De vez en cuando hay que sustituir paisaje por espejo y mirarse en silencio para reconocerse, que es ese profundo volver a conocerse. Aprender a hablar con uno mismo, reflejarse en el propio cerebro, abrirse en poro y piel, penetrarse en dulce y hiel. Saber verse, husmearse, criticarse y quererse. Hablarse…hacerse preguntas y preguntarse… parirse respuestas y responderse.

No te equivoques: a no ser que ya te hayas definitivamente vendido en la gran feria de los abolorios humanos, nunca estarás sólo. Al final, siempre quedarás tú para encontrarte contigo.

....De Àngela Becerra....

2.4.09

....fachada....

Fachada

....Podemos hacer buena cara aunque nos consuma la fiebre y el miedo....

....POS NO....LO SIENTO....NO PUEDO....
Michel de Montaigne (Castillo de Montaigne 1533 - 1592)
Ensayos (1580)

22.3.09

........


El espíritu no siente nada si no le ayuda el cuerpo.




Pierre de Ronsard
(La Possonnière 1524 - Saint-Cosme-en-l'Isle 1585)
Sonetos para Helena (1578)

19.3.09

....SOFÍA Y LA PERSEVERANCIA....

....SOFÍA Y LA PERSEVERANCIA....

vía Educador social en Alaska

Alaska, 16 de marzo de 2009.
Hace unos años, nuestro equipo tenía una supervisora, Sofía V., con la que aprendí mucho. Hace unos años, nuestro equipo era muy quejica. Para ser exactos, en aquellos tiempos, la mitad de la profesión estaba instalada cómodamente en la queja.
Un día Sofía nos hizo apuntar en un papel todas las cosas que no dejan avanzar a los equipos: batallitas, quejas quejosas, victimismos, rumores, medias verdades, suposiciones, miedos. Luego las quemó. Las quemamos. Todos en círculo. La carga simbólica de un fuego purificador se llevo por delante buena parte de nuestras manías. ¿Un aquelarre?, ¡quita!, sólo un misto y un cenicero.
La queja. La señora Sofía solía lanzar siempre un pregunta, que era como un meme: ¿Y usted que hizo ante eso?. Era una pregunta implacable, porque aunque tuvieras una respuesta preparada, ella seguía, dura como una roca: ¿Y usted que hizo ante eso?. Y así, hasta que comprobabas que la falta de respuesta a la mitad de las cosas de las que te quejabas, por ejemplo, la prepotencia de un político, un problema con un compañero, la falta de medios imprescindibles y muchas cosas más, tenían que ver con que tú no habías llegado hasta el final. Eramos excelentes formuladores de quejas, pero no las asumíamos hasta las últimas consecuencias.
Sofía, después de dejarnos vomitar, nos recordaba la responsabilidad que teníamos en aquello que nos pasaba. Os aseguro que a la gente no le gusta escuchar ese tipo de cosas. Vaya con Sofía, tocándonos los cojones. No dejaba de ser una contrariedad, porque en la queja se vive estupendamente, y buscar soluciones da mucho trabajo.
Me he acordado de ella porque Teresiña y yo hemos conseguido un nuevo recurso gracias a nuestra perseverancia. Bueno, gracias a Sofía. Hemos llegado al final. Llegar al final significa hacer informes por escrito y pedir las respuestas por escrito. Significa pedir cuentas. Significa no rendirse y pedir respuestas hasta que te las den. Si la respuesta es negativa, pero crees que te asiste la razón, significa no rendirse. Significa pedir reuniones formales, es decir, utilizar los canales apropiados. Significa que no aceptas respuestas por los pasillos. Significa ser respetuoso y exigir que lo sean contigo. Significa elevar las quejas a quien tenga que escucharlas. Significa que las escuchen y las lean y te den una respuesta. Significa que si no te la dan, la vuelves a pedir. Y si no te la dan, la vuelves a pedir. Significa explicar nuestro trabajo, con quesitos y columnas de colores, con diseños y textos atractivos, aunque sea para dárselo a un político merluzo (nuestra obligación es informarle, lo otro es su problema). Y si no te la dan, la vuelves a pedir. Significa que a ti nadie te alza la voz. Significa poner los problemas sobre la mesa. Y si no te la dan, la vuelves a pedir. Significa que no permites que insulten a tus usuarios. Y si no te la dan, la vuelves a pedir.
Significa muchas más cosas. Significa, sobre todo, respetarte a ti mismo y a tu trabajo.


Ser perseverante no quiere decir obtener siempre una respuesta afirmativa. Pero satisface saber que uno ha hecho todo lo que estaba en su mano para resolver una situación profesional. En todo caso, siempre te queda hacer la pregunta pertinente: ¿Y usted que hizo ante eso?.

28.2.09

....der Himmel über Berlin....

....hoy me he atrevido a verla....hace + de 2 años q la tenía en el disco duro, xo tenía miedo de pensar como me sentiría....pero hoy ya me atreví....y no ha sido para tanto....

el yayito en la peli explica como era Potsdamer Platz....en la peli era un campo de conejos....ahora sólo está el semáforo más viejo de €uropa y el Sony Center, donde celebran la Berlinale cada año....



(I)

Cuando el niño era niño caminaba con los brazos abiertos, quería que el riachuelo fuera un río, el río un torrente y el charco el mar. Cuando el niño era niño el no sabía que era un niño, todo él era alegría y todas las almas una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía costumbres, se sentaba en el suelo, corría por doquier, tenía un tirabuzón en el pelo y nunca hacía muecas al hacerse fotos.

(II)

Cuando el niño era niño era el momento de hacerse esta pregunta: ¿Por qué yo soy yo y no soy tú? ¿Por qué estoy aquí y no estoy allí? ¿Cuándo empieza el tiempo y dónde termina el espacio? ¿No es la vida bajo el sol un mero sueño? ¿No es lo que yo veo oigo y huelo nada más que el reflejo de un mundo delante de otro mundo? ¿Existe realmente el mal y gente que de verdad es mala? ¿Cómo puede ser que yo, que soy yo, antes de serlo no lo fuera? ¿Y que algún día yo, que soy yo, deje de ser lo que soy?

(III)

Cuando el niño era niño se atragantaba con las espinacas, los guisantes, el arroz con leche y la col hervida y ahora se lo come todo y no sólo porque sea necesario. Cuando el niño era niño una vez se despertó en una cama extraña y ahora lo repite a menudo. Muchas personas le parecían hermosas y ahora sólo si hay suerte. Se imaginaba claramente el paraíso y ahora a lo sumo lo sospecha. No podía imaginarse la nada y ahora le estremece. Cuando el niño era niño jugaba con entusiasmo y ahora sólo se sumerge en algo si ese algo es su trabajo.

(IV)

Cuando el niño era niño le bastaba con comer manzanas y pan y todavía es así. Cuando el niño era niño se le caían las fresas que no le cabían en la mano y todavía es así. Las nueces frescas le raspaban la lengua y todavía es así. Cuando subía a una montaña, siempre ansiaba subir a otra más alta y en cada ciudad sentía el ansia de ir a otra ciudad más grande y todavía es así. Agarraba las ramas de un árbol para coger las cerezas con tantas ganas como ahora. Tenía vergüenza ante cualquier desconocido y todavía la tiene. Esperaba la primera nevada y todavía la espera. Cuando el niño era niño lanzó un palo contra un árbol como si fuera una lanza y hoy sigue allí clavado, temblando.

17.2.09

....Severn Cullis-Suzuki....




Severn Cullis-Suzuki

31.1.09

....Amig@/Mejor amig@....

Amigo: Te pide permiso para coger agua o comida.
Mejor amigo: Es la razón por la cual no tienes comida en la nevera.

Amigo
: Llama a tus padres como Señor y Señora.
Mejor amigo: les dice QUILLO! y QUILLA!

Amigo
: Te sacaría de la cárcel.
Mejor amigo: Estaría al lado tuyo diciéndote: que cagada no?, espero que nos dejen salir pronto.

Amigo: No te ha visto llorar.

Mejor amigo: No le diría a nadie que has llorado pero se mearía de la risa contigo cuando ya no estuvieras triste.

Amigo: Te pide prestadas tus cosas un par de días y te las devuelve.
Mejor amigo: Pierde tus cosas y te dice 'fua ... no se donde lo dejé'.

Amigo: Solo sabe algunas cosas sobre ti.
Mejor amigo: Podría escribir un libro con todas las cosas que te han pasado y las brutalidades que has hecho.

Amigo
: Te dejaría de hablar si los demás lo hacen.
Mejor amigo: Manda a la mierda a los que te dejen de hablar.

Amigo
: Toca la puerta de tu casa
Mejor amigo: Entra hasta tu cuarto y grita 'Hay cerveza?'.

Amigos
: Solamente son durante la escuela.
Mejores amigos: las 24 horas del día, los 365 días del año por el resto de tu vida.

Amigo
: Te quita el cubata (o lo que estés tomando) cuando ve que ya estás borracho.
Mejor amigo: Tambaleándose va hacia ti y te invita a tomar otro cubata....

11.1.09

....tartuf....

[....] Puc creure que aquests mots són un artifici honest [....] No me n'he de fiar gens de tan dolces paraules fins que els favors pels quals el meu cor es desviu no em pugin confirmar tot això que ella em diu.

Tartuf
Acte IV
Escena V

....el roig i el negre....

....[....] "He caigut tantes vegades en la presumpció de felicitar-me per ser diferent dels altres joves pagesos! Ara ja he viscut prou per saber que la diferencia enjendra odi" es deia un matí. Aquesta gran veritat li acabava de ser revelada per un dels seus fracasos mes dolorosos.

....[....]A penes es va haver retirat el pare Castanède, els alumnes es van dividir en grups. Julien no era de cap. El deixaven sol com si tingués la sarna. En tots els grups, veia un alumne llançant una moneda a l'aire, i si endevinava el que sortiria al joc del cara o creu, els seus companys en concloïen que aviat tindria una d'aquestes rectories tan privilegiades.


....[....] Els bruts pagesos entre els quals vivia van considerar que tenia uns costums massa relaxats. [....] Sense anar més lluny els més forçuts dels seus companys van adquirir l'hàbit d'apallissar-lo; ell es va veure obligat a armar-se d'un compàs de ferro i a donar a entendre, per signes, que en faria ús. En un informe d'espionatge, els signes no hi podien figurar amb tanta facilitat com les paraules.


[...] Per molt que Julien s'esforçès a passar per insignificant i estúpid, no podia agradar, era massa diferent. [....] Doncs bé, sí, fill meu! Et tinc un gran afecte! I el cel sap que és molt a pesar meu. Hauria de ser just, i no sentir ni odi ni amor per ningú. Tindràs una carrera molt dura. Veig que en tú hi ha alguna cosa que ofén la vulgaritat. Et perseguiran la gelosia i la calúmnia. Et posi on el posi la Providència, els teus companys no et sabran veure mai sense odiar-te; i si fan veure que t'aprecien, serà per trair-te més fàcilment. Això només té un remei: no t'encomanis sinó a Déu, que, per castigar-te de la teva presumpció, t'ha donat aquesta necessitat de ser odiat. Tingues sempre una conducta ben pura, és l'únic recurs que et queda. Si et mantens fidel a la veritat amb fermesa invencible, tard o d'hora els teus enemics es trobaran confosos.[....]



STENDHAL


10.12.08

....

21 RAZONES PARA SER PAREJA Y/O AMIG@ DE UN@ EDUCADOR/EDUCADORA SOCIAL O TRABAJADOR/A SOCIAL:

1. Si se te cierra el coche con las llaves dentro, sabrá como abrirlo.
2. Las sustancias que requisan no siempre van a la basura.
3. Si aguantan a los del trabajo aguantan a cualquiera.
4. Vives cada día como si fuera el último (literalmente).
5. Siempre los echas de menos.
6 Conocen insultos en 5 idiomas.
7. La educación de tus hijos será un trámite.
8. Acostumbrado a actuar en situaciones de emergencia.
9. Si tienes algun familiar conflictivo se puede recuperar.
10. Te escuchará por deformación profesional.
11. Te psicoanalizará .
12. Stress = Sexo.
13. Saben cocinar, limpiar platos, pasar el aspirador, etc.
14. Están enterados de las últimas tendencias juveniles.
15. Son capaces de escuchar a Camela y Reggeton durante horas.
16. Siempre tienen algo que contarte.
17. Por la calle los "marginales" te saludan en lugar de atracarte.
18. Pase gratis para comer en los comedores sociales.
19. Tienen morbo.
20. Tienen un hombro sobre el que llorar.
21. Salen del trabajo con la vida social hecha.

USTED ES EDUCADOR/A O TRABAJADOR/A SOCIAL SI:

1. Su pareja llega tarde y le quita 1,25 euros de paga.
2. Pasa mas horas en otra casa que en la suya.
3. Sabes que es "Din din mak".
4. Cada día tachas en el calendario los que te quedan para jubilarte.
5. Cuando te llaman desde el trabajo mas de 5 veces diarias.
6. Cuando te ríes al oir las quejas de los profesores de los colegios.
7. Si diferencias varios tipos de drogas por el olor a varios metros de distancia.
8. Si para ti un cuchillo no es solo un instrumento de cocina.

2.12.08

....un mal día....

"Un mal día", por Almudena Grandes

Algunos días daría cualquier cosa por coger el bolso a media mañana e irse a su casa tranquilamente, a no hacer nada. Otros, los peores, casi preferiría que la partiera un rayo, que la tragara la tierra, que la abdujera una nave extraterrestre.

La mañana había empezado mal, con una conversación telefónica muy desagradable, no tanto por las formas cuanto por el fondo. No tendría por qué haber hecho aquella gestión, que estaba muy lejos de sus competencias; pero la mirada perpleja y desolada de Ioan, el obrero rumano que había aparecido en su oficina unos meses antes con un problemón –una hija autista de cinco años para la que no parecía haber plaza en ningún colegio de educación especial–, fue más fuerte que ella. Desde que consiguió escolarizar a la niña en condiciones casi inmejorables, para su padre ella era, más que una asistente social [TRABAJADORA SOCIAL], un hada madrina. Sus poderes eran mucho más limitados de lo que él suponía, y, sin embargo, había descolgado el teléfono, había llamado a aquel abogado, había escuchado, impertérrita, sus exigencias, y había acabado insultándole de la manera más cortés que conocía. Si el inquilino de su clienta fuera español, le había dicho, usted no se atrevería a exigirle que pintara el piso antes de abandonarlo, ni le negaría la devolución de la fianza con la excusa de que el sofá del salón está desgastado por el uso después de seis años de cobrar puntualmente el alquiler todos los meses. Eso es lo que dice usted, le había contestado el tío, y se había quedado tan ancho. Después, consultas y más consultas, llamadas y más llamadas, tuvo que decirle a Ioan que no había casi nada que hacer. Podía olvidarse de pintar el piso, pero de la fianza también. Existían procedimientos para reclamarla, claro que sí, pero acabarían costándole una suma superior a la que la dueña del piso se iba a quedar por la cara. ¡Pero es injusto!, había dicho él. Sí, había reconocido ella, es muy injusto. ¡No hay derecho! Pues no, no hay derecho. ¡Seiscientos cincuenta euros es mucho dinero para mí! Lo sé, lo sé… Lo sabía, pero no podía hacer nada para ayudarle.

Y entonces, justo cuando Ioan se fue, Ángela entró por la puerta y, sólo de verla, le entraron ganas de llorar. La recién llegada, española, treinta y ocho años, con una enfermedad reumática, crónica, muy dolorosa, que no la impedía trabajar como una burra porque no le quedaba más remedio, le dedicó una sonrisa triste, como si pretendiera absolverla de antemano. Nada, ¿no?, dio por supuesto. No, no es eso, la tranquilizó ella. Vamos a arreglarlo, insistió después, yo creo que vamos a arreglarlo, pero tu caso no entra en ninguna casilla, y entonces… ¿Entonces, qué?, se preguntó a sí misma, mientras pensaba por dónde seguir.

Tanta ley de igualdad, tanta ley de dependencia, tanto estado social, y el caso que tenía delante no cabía en ninguna casilla. Ángela se había separado de su marido cuando su hija era un bebé, y él jamás le había pasado un duro. Había habido sentencias firmes, más firmes, firmísimas, pero las había toreado todas al natural, sin sufrir el menor percance. Después, la niña, que siempre había sido buena, estudiosa, juiciosa, se echó una calamidad de novio, que ni estudiaba, ni trabajaba, ni hacía cosa alguna de provecho. Un buen día, el tutor de la hija llamó a la madre para preguntarle por qué no iba a clase, y Ángela se cayó del guindo. Le prohibió seguir viendo a aquel chico, y a la niña, que tenía quince años, no se le ocurrió nada mejor que –¿no querías puré?, toma dos cucharas– quedarse embarazada. Ahora, con un nieto de pocos meses y una hija que ha roto con su novio al comprender por fin la burrada que ha hecho con su vida, Ángela es la única fuente de ingresos de una familia monoparental de dos generaciones. Pero, por más que inscribirlos en el Registro Civil fuera casi la única responsabilidad que han asumido, su hija y su nieto llevan los apellidos de sus respectivos padres. Por eso, su caso no entra en ningún supuesto de ayuda social. Y por eso, no está nada claro que Ángela obtenga una plaza en una guardería concertada –porque, en Madrid, las públicas son tan pocas que en su barrio no hay ninguna– para su nieto. Su hija no puede trabajar hasta que la consiga porque no tienen dinero para pagar una canguro, y precisamente por eso, por no trabajar, se la pueden denegar. Que la madre tenga dieciséis años, mira por dónde, tampoco está contemplado. La pescadilla se muerde la cola, la Tierra gira al revés, y la impotencia se convierte en el único horizonte verdadero.

Algunos días daría cualquier cosa por coger el bolso a media mañana e irse a su casa tranquilamente, a no hacer nada. Hoy, casi preferiría morirse.

El País Semanal, 13/04/08

28.11.08

....Rise ur hand against physical violence....

....El otro día hablaba de mi obsesión por las manos....y justo aparece éste vídeo....








ps: soy yo sola o la música se parece demasiado a la de pocoyó??

13.11.08

....gefallene Blätter....









....y llegó al sol a Berlín....
Eso es porque faltaba alguien y por supuesto esta persona lo trajo consigo.
Ahora se está bien, el sol dura poco, pero lo poco que dura brilla y nos ilumina las caras, más si cabe de lo que ya están.
Felices y en una ciudad que ahora más que nunca es romántica...para quien lo quiera bien, para mi está genial.

Reencuentros en bares pulgosos donde no paramos de reír...risas y encuentros. Qué divertido...mañanas de compras y comidas a la española, ahí con mucho suco y mucha cosa dentro. Tardes tranquilas y noches en las que se puede jugar al pingpong aunque te eliminen la primera, pero eso hoy da igual. Me quedo con lo bueno, con la compañía, con las risas, con lo divertido que es todo ahora. Y cómo no, noche de swing...si es que tendría que haber nacido en el 1910...pero que le voy a hacer si llevo un retraso de setenta años...
Y no se me asusten si les digo que visitamos cementerios, pero es que aquí hasta son bonitos...con el otoño cayendo las hojas y paseando...pero bueno yo dejo de hablar que estoy enamorada del otoño en esta ciudad.
No dicen que más vale una imagen que no sé cuántas palabras...pues para muestra un botón....

paginasenblanco









8.11.08

....¿¿¿¿wieder geboren????....





31.10.08

du ¡¡¡¡ICH!!!! wirst immer wieder geboren

Du nur Du...Du nur Du

Du, der ich´s nicht sage,
dass ich bei Nacht weinend liege,
deren Wesen mich müde macht wie eine Wiege.
Du, die mir nicht sagt wenn sie wacht meinentwillen,
wie wenn wir diese Pracht ohne zu stillen ertrügen

Du nur Du wirst immer wieder geboren
Du nur Du wirst immer wieder geboren

Sieh dir die Liebenden an,
wenn erst das Bekennen begann, wie bald sie lügen.
Du hast mich allein, dich einzig kann ich vertauschen...
Eine Weile bist du´s,
dann wieder ist es das Rauschen
oder es ist ein Duft ohne Rest
Ach, in den Armen hab ich sie alle verloren

Du nur Du wirst immer wieder geboren (du nur)
Du nur Du wirst immer wieder geboren
(Du wirst immer wieder geboren)
Du nur Du wirst immer wieder geboren
Du nur Du wirst immer wieder geboren

Du nur Du wirst immer wieder geboren
(wirst immer wieder geboren)

Weil ich niemals Dich erhielt, halt ich dich fest
(immer wieder geboren)

Du nur Du wirst immer wieder geboren
Du nur Du wirst immer wieder geboren
Du nur Du wirst immer wieder geboren....








....ps: ¡¡feliç castanyada!! ni jalogüin ni pollades d'aquestes!!!!....

30.10.08

....cosas q suceden en berlin....

Tanto esperar para acabar desesperada...¿?
Al final me decidí.
Me vuelvo a berlin en unos dias y ya puesta, me pasaré x stockholm a saludar, enseñar el culo al fresco y volver. Me voy del 10 al 19 de Noviembre y a Stockholm del 17 al 18. Si alguien tiene alguna demanada por hacer o algo que pedir, q lo diga.
Bezitoz a todo el mundo.
Muakis,muakis.

....Crisititpinapá está feliz en nuestra Stadt y lo demuestra haciendose vídeos mientras escucha Nina Simone....

14.10.08

....in memoriam....

....Gracias a todos por venir, sabemos el esfuerzo que representa , y lo valoramos mucho .

Molts petons, E , B y J.


KIKE

Te has ido para siempre, en plena juventud, y nos has dejado un terrible vacío, imposible de llenar.


Siempre quisiste a tu familia y a tus amigos. Tenías muy claros los valores que deben enriquecer a cualquier persona.


Tu formación en España e Inglaterra te hizo sentir un espíritu viajero y aventurero propio casi, de grandes conquistadores.

Con una mochila y lo imprescindible dedicaste los últimos 5 años a recorrer más de 50 países, por Europa, América, Asia y Africa .

Creías en un mundo sin fronteras.

Ya pensabas en otros proyectos, como la Ruta de la Seda, el Transiberiano, África del sur y Australia.

Estamos seguros que desde el cielo podrás ver todo lo que deseabas y establecerás más lazos de amistad como siempre has hecho.


Necesitabas conocer gente y hacer amigos en todas las partes del mundo, con tu sentido de la lealtad, tu simpatía y esa inacabable sonrisa que siempre te adornaba.


Hemos recibido testimonios de tus amigos de todo el mundo, ellos nos han hablado acerca de tu gran alegría de vivir, tu compañerismo, tus buenos sentimientos, tu actitud positiva ante la vida, tu fortaleza y valentía para afrontar cualquier adversidad.


Cabe resaltar lo que nos escribió un amigo mejicano, que resulta bastante consolador " en la vida cuenta el tiempo que vivimos felices, y no el tiempo que vivimos".


Has sido feliz, has podido hacer todo lo que querías y te gustaba. Te has sentido libre.


Descansa en paz, siempre estarás en nuestros corazones. Nunca te olvidaremos....